Sentado en la mecedora de la
Residencia para personas solas, en la que me encuentro ya hace varios años, ha
venido a mi memoria una historia que me contaron ya hace mucho tiempo.
Era verano, año 1945, el
bochorno de esa noche, impedía que pudiera conciliar el sueño, hice un primer
intento, saliendo a tumbarme en una hamaca del porche de la casa que mi tía Eloísa
tenía en la playa de Canet de Mar, pero en vista que no podía dormir, cogí mi
gorra favorita de pana blanca y fui a pasear cerca del agua, la cual, si dormía
placida y mansamente después de un día movido, no recuerdo cuanto camine, ni en
qué dirección fui, cuando empezaba a clarear encontré un poblado gitano, que
estaban celebrando, lo que parecía una boda, se ve que ya llevaban dos días de
fiesta, el aguardiente corría por todas partes, algunos estaban durmiendo la
borrachera, pero los que más aguantaron, estaban alrededor de una fogata
mientras cantaban y bailaban, me vieron llegar y aunque yo era muy joven y sin
experiencia, por aquel entonces, contaba solo 17 años, me aceptaron de buen
grado, invitándome a juntarme con ellos y a pesar que posteriormente por
cuestiones de mi trabajo he tenido que viajar por muchos países, del mundo, quedándome
incluso a vivir en alguno de ellos, esa noche fue la que recuerdo con más
fascinación, sobre todo por lo que allí viví.
Al salir los primeros rayos del
sol, estábamos los pocos que quedamos, tirados por la arena, como acostumbra a
suceder después de la movida, siempre hay alguien a quien el alcohol, le suelta
la lengua, en este caso, al narrador le llamaban tío Francisco, era un hombre
bajito, con la cara arrugada de tanto tocarle el sol, con una nariz prominente
y unos labios carnosos, con un sombrero negro, que no se quitaba nunca y con un
bastón que movía con maestría, con una voz ronca y profunda, nos hizo una mueca
y una señal, para que nos acercáramos a él y bajáramos las voces, así hicimos
.
Os voy a contar la historia
del hombre sin reflejo, a esta persona, la conocí, porque vivía en el mismo
pueblo donde yo nací, en el centro de Europa, en un valle perdido, que no
estaba cerca de ninguna parte y que tampoco llevaba a ningún sitio, pero ahora
y aunque ya he empezado, no puedo continuar, porque me estoy cayendo de sueño,
cuando despierte, si estáis por aquí cerca os aseguro que terminare de contar
la historia excepcional de este hombre.
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