Segunda parte
De
“El hombre sin reflejo”
Ahora que ya he descansado, me encuentro mejor y la
memoria más limpia, para que todos sepáis de la existencia de ese hombre o lo
que realmente fuera, porque aunque han transcurrido bastantes años, aún
recuerdo con escalofríos, los acontecimientos que sucedieron en ese pueblo, al
cual no he regresado desde que lo abandone, después de aquellos interminables
meses,
Para empezar debo decir en primer lugar, que debemos
situarnos en la época que sucedió, fue entre los años 1895 y el 1897, la industrialización
y las fabricas no habían llegado a Gyöngyöspata,
así se llama mi pueblo, en Hungría, bien,
hacia las afueras, se encontraba donde vivía ese hombre, había llegado al
pueblo hacia tres semanas y nadie le había visto aun, como en todo pueblo rural
y apartado, las novedades no eran muy habituales, con lo cual los rumores de
quien era ese hombre llenaban las conversaciones del único local que teníamos,
estaba situado en una esquina de la plaza de La Unión, lugar que hacía las
veces de bar, de posada y de tienda de comestibles y herramientas del campo.
El primer día que lo vi, debo decir que no me pareció que
fuera nada, ni nadie especial, eso sí, debía medir sobre el 1’90 cms, fuerte,
robusto, algo entrado en carnes, llevaba una ropa vieja, sucia y desarreglada,
pero se intuía que en otro tiempo fue fabricada con esmero, el cabello lo tenía,
rizado, muy largo y oscuro, casi le tapaba buena parte de los ojos y junto a
que llevaba barba, poca zona de la cara se le podía ver, tenía un carácter muy huraño
y solitario, solo parecía mostrar alguna emoción, por un perro que iba con él,
de esos andrajosos y peludos, que no pertenecen a ninguna raza en concreto, su
nombre era Pushki, parecía inteligente, porque respondía de inmediato a la
llamada de su amo.
Por hoy creo que ya tenemos suficientes datos para poder
imaginarnos, como era el ambiente, la vida y la personalidad de nuestro hombre,
el próximo día continuare la historia.
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