Un día conocí a una mujer singular, quizá su nombre
ahora, no hay que nombrar,
no por discreción sin par, nada hay que imaginar,
que no se pueda contar,
pero hay en la discreción un punto de lealtad, que
nunca hay que olvidar,
llegado a este punto crucial, el personal se
preguntara, ¿Qué nos va a contar?
este trovador sin laúd y que con su actitud, mas parece divagar que
crear,
estamos a la mitad y nada sabemos aún, ni el que
escribe, sabe cómo continuar,
vamos allá, a ver si voy a saberme explicar, esta
mujer, aparte de sembrar,
de felicidad a quien la rodea, se encuentra en una
marea, difícil de explicar,
tiene una enfermedad, muy conocida, pero eso no le
priva de poder amar,
este sentimiento, puede sentirse por un hombre o un
animal y eso debo aclarar,
Benito era su nombre, pequeño y juguetón, no era un hombretón,
porque al gritar,
su nombre, no contestaba una voz, sino un ladrido,
con lo cual tengo que desvelar,
que un can es el Benito, cuyo nombre, especial, hace
real el dicho popular,
de que solo le falta hablar.
J.V. Pons
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